Una para cada Uno

El Tottenham vuelve a estar arriba. Si la temporada pasada los spurs fueron los encargados de amenazar hasta el último momento el sueño de cenicienta del Leicester City, en la actual su perseguido es un Chelsea con sensación de tiránico pero que ha llegado al tramo que decidirá el campeón de la Premier con el conjunto de Pochettino más cerca de lo que podía esperarse a finales de año. Los anfitriones de White Hart Lane son un equipo. El único de entre los primeros clasificados que mantiene al mismo entrenador con el que iniciaron el curso anterior, y en base a ese fútbol colectivo compiten contra quienes cuentan en sus filas con las estrellas que mayores diferencias están marcando en el campeonato inglés. Donde sus rivales tienen a Hazard, Alexis Sánchez, Coutinho, Ibrahimovic, De Bruyne o Diego Costa, ellos se tienen el uno al otro. Alguno como Dele Alli, sin embargo, es más uno que los demás.
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El centrocampista inglés, que por adscripción y comportamiento sobre el césped es más lo segundo que lo primero, suma ya dieciséis goles y siete asistencias en liga, registros que lo acercan a los futbolistas más productivos del campeonato -sólo Alexis lo supera en ambas clasificaciones-, y especialmente a lo largo de los últimos dos meses no ha dejado de estar directamente relacionado con el marcador en ninguno de los siete partidos que ha disputado su equipo en el campeonato doméstico. Si Dele Alli está en el campo, el Tottenham puede contar con que al menos un gol o una asistencia corran de su cuenta, un ritmo de impacto sobre la portería contraria que lo destapan como uno de los hombres del momento en la Premier League y una de las explicaciones principales de que los de Mauricio Pochettino le hayan aguantado el compás a un Chelsea de apariencia intratable.

Más allá de la evidente sensibilidad del jugador para la llegada, el disparo lejano, la interpretación del contraataque o el remate, hay factores en el contexto que le rodea que potencian su poder destructivo contra las porterías rivales. Que lo enfocan allá donde puede resultar más decisivo y lo liberan de tareas que, seguramente y por el momento, podrían embrutecer sus prestaciones. A nivel de localización, es clave la habilidad que poseen los spurs como colectivo para ganar metros y avanzar en bloque hasta las inmediaciones del área contraria. La excelente salida de balón de sus centrales, la profundidad de las bandas y la capacidad de algunos de sus compañeros para sostener el límite de la jugada más allá de la divisoria, dibujan un escenario en el que el mapa londinense se extiende cerca de la portería rival y en el que a Dele Alli no se le pide que baje metros ni para recibir el balón ni para hacerlo llegar al penúltimo escalón del juego.
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Fijadas las coordenadas, la otra clave tiene que ver con una serie de soluciones que se desarrollan a su alrededor en pos de subrayar su versión más ofensiva y de mayor constancia en la zona donde nacen los goles. Aquí, una pieza fundamental para explicar al Dele Alli del Tottenham es Christian Eriksen, quien mientras el inglés emprende un viaje con origen en el mediocampo y destino en la delantera, recorre un trayecto equivalente pero en dirección contraria.